"La ciencia del Yoga no ofrece ninguna nueva religión, ofrece una metodología. A través de ella puedes entenderte mejor en todos tus niveles, incluyendo tu bienestar físico, tus acciones, tu proceso mental, emociones y deseos. Además comprenderás cómo te relacionas con el mundo. Esta ciencia crea un puente entre las condiciones internas y externas de la vida. El yoga es una forma de mejorarte a ti mismo, de entender tus estados internos". - Swami Rama

lunes, 12 de agosto de 2013

EL ASHTANGA YOGA DE PATANJALI Y SU RELACIÓN CON EL ASHTANGA VINYASA YOGA por Gregor Mahele

La práctica de asana (postura) sola supone un peligro. Según K. Pattabhi Jois, “Los métodos parciales del yoga fuera de tono con su propósito interno pueden fortalecer a los seis enemigos (deseo, ira, codicia, ilusión, encaprichamiento y envidia) alrededor del corazón. El sistema de Ashtanga completo (los ocho miembros) practicado con devoción conduce a la libertad dentro del corazón de uno”.



Los ocho miembros del yoga de Patanjali se relacionan con la práctica del Ashtanga Vinyasa de este modo:

El primer miembro consiste en un conjunto de preceptos éticos que aseguran que el yogui interactúe de manera armoniosa con la comunidad que lo rodea. Los preceptos éticos son: no dañar a otros, ser sincero, no robar, tener sexo sólo con el cónyuge de uno y abstenerse de la codicia.

El segundo miembro consiste en observancias que aseguran que el cuerpo y la mente no se contaminen una vez que fueron purificados. La purificación en el yoga no tiene nada que ver con el puritanismo. Se refiere más bien a la “colorabilidad” del cuerpo y de la mente. La “colorabilidad” es la propensión del cuerpo/mente de asumir un condicionamiento o una marca del entorno. Las observancias son limpieza física y mental, contentamiento, simplicidad, estudio de los textos sagrados y aceptación de la existencia del Ser Supremo. Los primeros dos miembros se ponen en práctica inicialmente desde el exterior y forman una plataforma desde la cual se emprende la práctica. Una vez que nos establecemos en el yoga, se vuelven nuestra segunda naturaleza: surgen naturalmente.

El tercer miembro es asana. Al conocer la verdadera naturaleza de uno, se manifiestan muchos obstáculos en el cuerpo, por ejemplo, enfermedad, pereza y torpeza. El cuerpo influye profundamente y, si estuviera en una mala condición, afectaría al funcionamiento de la mente y el intelecto. A través de la práctica de las asanas del yoga, el cuerpo se hace “fuerte y ligero como el cuerpo de un león”, para citar a Shri K. Pattabhi Jois. Sólo entonces proporciona el vehículo ideal para el camino del yoga.

Como explica el Yoga Sutra, cada pensamiento, emoción y experiencia nos deja una huella subconsciente (samskara) en la mente. Estas huellas determinarán quiénes seremos en el futuro. De acuerdo con el Brhad Aranyaka Upanishad, mientras no se alcance la liberación, el alma, como una oruga que se arrastra desde una brizna de pasto a la siguiente, por la fuerza de sus impresiones en esta vida, localizará y atraerá a un nuevo cuerpo en una nueva vida.

Esto significa que el cuerpo que tenemos es nada sólo la acumulación de nuestros pensamientos, emociones y acciones pasados. Esto requiere ser comprendido y contemplado profundamente. Significa que el asana es el método que nos libera del condicionamiento pasado almacenado en el cuerpo hasta llegar al momento presente. Se debe notar que practicar sólo enérgicamente superpondrá una nueva capa de huellas subconscientes basadas en el sufrimiento y el dolor. También aumentará la identificación con el cuerpo. En yoga, la identificación con algo que es transitorio se denomina ignorancia (avidya).

Al principio, esto puede sonar bastante abstracto, pero todos los que vimos morir a un ser amado, recordaremos el discernimiento profundo que, una vez que se produce la muerte, el cuerpo luce como una cáscara vacía. Puesto que el cuerpo es nuestro vehículo y el depósito de nuestro pasado, necesitamos practicar asana hasta el punto en el cual nos sirve bien, mientras liberamos y soltamos el pasado que está almacenado en éste.


El yoga es el camino del medio entre dos extremos. Por un lado, podemos llegar al extremo de practicar fanáticamente y esforzarnos por un ideal, mientras negamos la realidad del momento presente. El problema aquí es que siempre nos identificamos sólo a nosotros mismos con lo que queremos ser en el futuro y no con lo que somos ahora. El otro extremo es defendido por algunas escuelas de psicoterapia que focalizan sobre los traumas pasados. Si hiciéramos esto, estos traumas podrían incrementar su control sobre nosotros, definiéndonos por las “cosas que emergen” y el “proceso que estamos experimentando”. El asana es una invitación a decir adiós a estos extremos y llegar a la verdad en el momento presente.

¿Cómo se manifiestan en el cuerpo las emociones, los pensamientos y las impresiones pasadas? Algunos estudiantes de yoga experimentan mucha ira al comenzar a flexionarse hacia adelante. Esto se debe a la ira pasada almacenada en los ligamentos. Si dejáramos ir conscientemente a la ira, la emoción desaparecería. Si no, saldrá a la superficie de alguna otra manera, posiblemente como un acto de agresión o una enfermedad crónica. Otros estudiantes sienten ganas de llorar después de una retroflexión intensa. El dolor emocional se acumula en el pecho, donde funciona como una coraza, endureciendo alrededor del corazón. Esta coraza se puede disolver en la retroflexión. Si soltáramos la coraza, resultará un sentimiento de alivio tremendo, acompañado a veces de llanto.

La rigidez extrema se puede relacionar con la rigidez mental o la incapacidad para dejarse llevar por situaciones desconocidas. La flexibilidad extrema se puede relacionar con la incapacidad para tomar una posición en la vida y poner límites. En este caso, la práctica de asana necesita basarse más en la fuerza, para crear un equilibrio y aprender a resistir el ser llevado por situaciones inapropiadas. El asana nos invita a reconocer el pasado y a dejarlo ir. Esto a su vez nos traerá al momento presente y nos permitirá soltar conceptos limitantes tales como quién pensamos que somos.

El cuarto miembro es pranayama. El prana es la fuerza vital, también referido como respiración interior; pranayama quiere decir extensión del prana. Los yoguis descubrieron que la oscilación del prana ocurre simultáneamente con los movimientos de la mente (chitta vrtti). La práctica del pranayama es el estudio y el ejercicio de la respiración hasta un punto en el cual se pacifica y no agita a la mente.

En el sistema de vinyasa, el pranayama se practica aplicando la respiración Ujjayi. La respiración se extiende a lo largo estrechando ligeramente la glotis. Aprendemos a dejar que el movimiento siga a la respiración, que finalmente conduce al cuerpo sin esfuerzo a subirse a las olas de la respiración. A estas alturas, no somos nosotros quienes movemos el cuerpo, sino más bien el poder del prana. Somos capaces de respirar en todas partes del cuerpo, lo cual es equivalente a esparcir el prana de manera uniforme totalmente. Esto es ayama – la extensión de la respiración.

El quinto miembro es pratyahara – la retracción de los sentidos. El Maitri Upanishad dice que, si uno se preocupa con los objetos de los sentidos, la mente se exacerba, lo cual conduce a la ilusión y el sufrimiento. Sin embargo, si el combustible de los sentidos se retiene, la mente se reabsorbe en su fuente, el corazón. El “corazón” en yoga no es una metáfora para las emociones, sino para nuestro centro, que es la consciencia o el sí mismo.

En Vinyasa Yoga, la retracción de los sentidos se practica a través de drishti – el punto focal. En lugar de mirar alrededor al practicar asana, que lleva a los sentidos hacia afuera, permanecen internos llevando nuestra mirada hacia las localizaciones prescriptas. El sentido del oído se repliega escuchando el sonido de la respiración, que al mismo tiempo nos da información acerca de la calidad de la asana. Focalizando nuestra atención, desarrollamos lo que la filosofía tántrica llama el centro (madhya).

Desarrollando el centro, la mente finalmente se suspende y el prana, que es una manifestación del aspecto femenino de la creación, la Diosa o Shakti, deja de oscilar. Entonces se reconoce el estado de la consciencia divina (bhairava).

El sexto miembro es dharana – concentración. Si has tratado de meditar en un espacio vacío entre dos pensamientos, sabrás que la mente tiene la tendencia a asirse al próximo pensamiento que surja. Puesto que los objetos tienen forma, y el sujeto que atestigua – la consciencia – es informe, tiende a ser pasado por alto por la mente. Se necesita mucha concentración para vigilar la consciencia cuando las distracciones están disponibles.

Entonces, la práctica de la concentración es un prerrequisito para la meditación propiamente dicha. El entrenamiento de la concentración nos permite mantenernos focalizados en cualquier objeto que se elija. En primer lugar, se seleccionan objetos simples, que a su vez nos preparan para el penúltimo “objeto”, la consciencia informe, que no es otra cosa que la consciencia pura.

La concentración en Vinyasa Yoga se practica centrándose en los bandhas. A nivel externo, el foco está en Mula y Uddiyana Bandha (los cierres pélvico y abdominal inferior), pero a nivel interno está sobre el vínculo del movimiento, la respiración y la consciencia (bandha = vínculo [o lazo]). Al llegar a este vínculo, tenemos que soltar el patrón de ondas cerebrales beta, que acompaña normalmente a la concentración. En cambio, necesitamos cambiar a un patrón alfa, que permite focos múltiples y lleva simultáneamente a la consciencia de todo, o a estar en este momento, que es la meditación.

El séptimo miembro es dhyana – meditación. Meditación significa descansar, sin influencias, entre los extremos de la mente y de pronto “ser” en lugar de “convertirse en”. La diferencia entre este miembro y el anterior es que en la concentración existe un esfuerzo de la consciencia para excluir a todo lo que no es relevante para nuestro objeto elegido. En la meditación, hay un flujo constante de impresiones del objeto y de la consciencia hacia el objeto, sin ningún esfuerzo de la voluntad. Los objetos típicos elegidos son el loto en el corazón, el sonido interior, la respiración, el sentido del yo, el proceso de percepción y el intelecto, la deidad de la meditación de uno (ishta devata) o el Ser Supremo.

En el Vinyasa Yoga, la meditación comienza cuando, más que hacer la práctica, estamos siendo hechos o movidos. En este momento, nos damos cuenta que, puesto que podemos observar el cuerpo, no somos el cuerpo, sino una entidad que atestigua. La práctica del vinyasa es el constante ir y venir de las posturas, el constante cambio de formas, a lo cual nos aferramos. Es en sí misma una meditación sobre la impermanencia. Cuando llegamos al punto de darnos cuenta que todo lo que conocimos hasta ahora – el mundo, el cuerpo, la mente y la práctica – está sujeto a un cambio constante, hemos llegado a la meditación sobre la inteligencia (buddhi).

Sin embargo, la meditación no ocurre solamente en dhyana, sino en todos los estadios de la práctica. De hecho, el sistema de Ashtanga Vinyasa es una meditación en movimiento. En primer lugar, meditamos sobre la posición del cuerpo en el espacio, que es asana. Luego, meditamos sobre la fuerza vital que mueve al cuerpo, que es pranayama. Luego, sobre los sentidos a través de drishti y escuchar la respiración, que es pratyahara. Meditar sobre el vínculo de todos los aspectos de la práctica es la concentración (dharana).

El octavo miembro, samadhi, es de dos tipos – con objeto y sin objeto. El samadhi con objeto es cuando la mente en un primer momento, como una piedra preciosa transparente, refleja fielmente lo que es dirigido y no produce sólo otra simulación de la realidad. En otras palabras, la mente se aclara hasta tal punto que no modifica la entrada sensorial en absoluto. Para experimentar esto, tenemos que “descondicionarnos” hasta soltar todos los programas limitantes y negativos del pasado. Patanjali dice, “La memoria se purifica como si se vaciara de su propia forma”. Luego, todo lo que puede ser conocido acerca de un objeto es conocido.

El samadhi sin objeto es la forma más alta del yoga. No depende de un objeto para su surgimiento, sino más bien es revelado el sujeto o la consciencia que atestigua, que es nuestra verdadera naturaleza. En este samadhi, se suspenden las olas del pensamiento, lo cual lleva al conocimiento de aquello que siempre estuvo allí: la consciencia o el sí mismo divino. Este estado final está más allá del alcance, más allá del hacer, más allá de la práctica. Es un estado del ser estático puro descripto por el término baivalya – un estado en el cual hay libertad e independencia total de cualquier simulación externa que fuera.

En las descripciones físicas del yoga, el samadhi se alcanza suspendiendo los extremos de la mente solar (pingala) y lunar (ida). Este estado surge cuando la respiración interior (prana) entra en el canal central (sushumma). Entonces, la realidad verdadera o profunda de pronto destella.

Fuente: "Ashtanga Yoga Practice and Philosophy" - Gregor Mahele

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